Este curso me significó una brisa fresca que mejoró mi ánimo como docente. Desde lo institucional, me sentí parte de un conjunto generoso y sabio que me contiene y promueve mi desarrollo en la vocación docente, que es mi modo de vida elegido. Nunca antes lo había sentido así.
Por eso, tal vez, me esforcé mucho por continuar cada tarea, a pesar de que no soy muy habilidosa con la tecnología. Pero, que la UNCUYO nos de esta posibilidad, era imposible de desaprovechar.
El curso es formidable y me permitió admitir falencias que hasta ahora no había registrado. Por eso lo de brisa fresca: mis neuronas están activadas como si recién despertaran de un letargo.
Siempre ejercí con responsabilidad mi trabajo, y eso implica seguir formándose. Además soy adicta al estudio y me gusta continuar siendo estudiante. Este nuevo conocimiento reforzó viejas matrices de aprendizaje. No todo me resultó nuevo: mi formación como psicóloga social me permite contar con recursos que adhieren a las teorías constructivista y cognitivista. Pero debo reconocer que a mi mesa le faltaba una pata: la teoría conectivista y toda la necesaria formación en tecnologías digitales.
Siento que ya puedo mantenerme mejor: mi mesa comienza a perfilar su cuarta pata. Y ello significará una enorme ganancia para mis alumnos. Podré ponerme a su altura en aquellas herramientas que ellos tan bien conocen y podremos juntos transitar caminos nuevos con clases poderosas. Soy una convencida de lo que dice Mariana Maggio, una clase y todas las clases deben ser poderosas, es decir, poder conmover y poder mantenerlas en el recuerdo. Siempre les digo a mis alumnos cuando comienza el ciclo lectivo: “No estoy acá para que ustedes aprendan de memoria algo que después van a dejar en un estante de una repisa. Pretendo, en cambio, que lo que veamos juntos les ayude no solo en su actividad como futuros policías, sino que les ayude en su vida”. Ese es el objetivo de mis clases y buscaré, como siempre pero mejor instrumentada, que sean poderosas.

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